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Lucian Freud. Reflejo con dos niños. Autorretrato (1965). |
Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir
escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las
turas de este mundo. Los valores, turas, la sanidad, una tura, la sociedad, una
tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros
Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa
mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del
colchón. El tornillo fue primero risa, tomadura de pelo, irritación comunal,
junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente
encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por
la calle sin mirar de reojo el tornillo
y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció
apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto
y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no
comprende, una oscura reprobación. Solo
se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye
pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía
ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error
estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía
la forma de un tornillo.
Julio Cortázar. Rayuela (1963).