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jueves, 22 de agosto de 2013

Monterroso: un escritor criticado

Horace Pippin. Amish Letter Writer (1940).
Escribió un drama: dijeron que se creía Shakespeare;
Escribió una novela: dijeron que se creía Proust;
Escribió un cuento: dijeron que se creía Chejov;
Escribió una carta: dijeron que se creía Lord Chesterfield;
Escribió un diario: dijeron que se creía Pavese;
Escribió una despedida: dijeron que se creía Cervantes;
Dejo de escribir: dijeron que se creía Rimbaud;
Escribió un epitafio: dijeron que se creía difunto.

Augusto Monterroso. Epitafio encontrado en el cementerio Monte Parnaso de San Blas (1987).

jueves, 18 de julio de 2013

Monterroso: los problemas de la fe

William Turner. La caída de una avalancha en los Grisones (1810).
Al principio la Fe movía montañas solo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.
   Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente  le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
   La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.
   Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo en el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

Augusto Monterroso. La Fe y las montañas (1969). 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Augusto Monterroso: la verdadera Penélope

John William Waterhouse. Penélope y los pretendientes (1912).

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.
   Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez  más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.
  De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

Augusto Monterroso. La tela de Penélope en La oveja negra y demás fábulas (1969).

miércoles, 24 de octubre de 2012

Augusto Monterroso: una cadena de sueños

Wojciech Siudmak. Metamorfosis
Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha.

Augusto Monterroso. La cucaracha soñadora (1969).