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viernes, 13 de marzo de 2015

Gore Vidal: los vagos misterios

Norman Rockwell. Freedom to Worship (1943).
   Me siento indiferente ante los misterios porque los encuentro vagos y llenos de injustificadas esperanzas. No deseo ser nada el próximo año o el próximo minuto o cuanto esta larga vida mía llegue a su fin. (No me parece ni la mitad de larga de lo que sería suficiente). Sin embargo, sospecho que la «nada» es mi destino. Si fuese de otro modo, ¿qué podría hacer? Creer, como el pobre Juliano, que uno se encuentra entre los elegidos porque concurrió a una ceremonia de nueve días, que cuesta alrededor de quince dracmas, sin contar los gastos extras, es caer en la misma tontería de la cual acusamos a los cristianos cuando censuramos su absurda exclusividad y lunática superstición.


Gore Vidal. Juliano el apóstata (1964).

sábado, 14 de julio de 2012

Gore Vidal: lo que son los galos


Estatua de mármol del emperador Juliano. Siglo IV. Museo de Louvre.

Mientras me despedía de unos y otros noté que se había reunido una gran multitud en las arcadas que rodean la plaza. Al reconocerme, se acercaron. Con rapidez mis guardias sacaron las espadas y me envolvieron en un cerco. Pero la multitud no era hostil. En su mayor parte estaba compuesta por mujeres con sus hijos. Imploraban para que no mandase a sus esposos al extranjero. Una mujer levantó ante mí un niño como una flameante bandera: <<¡No alejéis a su padre! ¡Él es todo lo que tenemos!>>.
   Otras gritaron: <<¡Lo habéis prometido, César! ¡Lo habéis prometido!>>.
   Me volví, incapaz de soportar sus llantos. En la puerta del palacio, Decencio conversaba enfrascado con el agente secreto Gaudencio. Se separaron cuando yo me aproximé.
    —Un viejo amigo —dijo Decencio.
   —Estoy seguro de ello —dije cortante. Señalé a la multitud—. ¿Los oís?
   Decencio me miró inexpresivo por un momento. Luego miró hacia la plaza.
   —Oh, sí. Es muy común en las provincias. Las mujeres siempre se quejan cuando se aleja a los hombres. Cuando hayáis estado en el ejército tanto tiempo como yo, ni lo notaréis.
  —Temo que me resultará difícil no notarlo. Como veis, les he prometido…
   Pero Decencio ya había oído lo suficiente sobre mi famosa promesa.
   —Mi querido César —dijo con tono paternal—, cuando vuelva el calor estas mujeres ya habrán hallado a un nuevo hombre. Son animales. Nada más.

Gore Vidal. Juliano el apóstata (1964).