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| Paul Gauguin. Te faaturuma. |
—Hace poco estaba leyendo sobre los habitantes de una isla en el Pacífico que consideran la paranoia como un estado mental normal y se incitan a ella unos a otros. La paranoia no es aceptada en nuestra sociedad, y cualquiera que la padezca se mete en problemas de un modo u otro. No está socialmente aprobada. Pero en esta colonia del Pacífico Sur, la gente que no muestra paranoia es considerada subnormal e incluso se la margina. Las esposas no pueden intercambiar cuencos de sopa, porque se supone que deben sospechar que estará envenenada. Nadie cuestiona la racionalidad, te das cuenta, porque todos han sido educados de la misma manera.
Theodore hizo una pausa, temblando de frío de pies a cabeza.
—Bueno, ¿a dónde quieres llegar, Teo? —preguntó Ramón, apoyándose en un codo.
—Al hecho de que nosotros vivimos bajo rituales igualmente absurdos, que nadie... o que muy pocos se atreven a criticar, por temor a ofender a la mayoría de gente.
Patricia Highsmith. Un juego para los vivos (1958).