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| Eustache Le Sueur. Calígula. |
ESCENA 10
QUEREAS
He sabido que has regresado. Hago votos por tu salud.
CALÍGULA
Mi salud te lo agradece. (Pausa. Luego, de repente.)
Vete, Quereas, no quiero verte.
QUEREAS
Me sorprendes, Cayo.
CALÍGULA
No te sorprendas. No me gustan los literatos y no soporto sus mentiras. Hablan sin la menor intención de escucharse. Si se escucharan, sabrían que no son nada y dejarían de hablar. Vamos, largaos los dos, me horrorizan los testigos falsos.
QUEREAS
Si mentimos, la mayoría de las veces lo hacemos sin darnos cuenta. Me declaro inocente.
CALÍGULA
La mentira nunca es inocente. Y la vuestra da importancia a los seres y a las cosas. Eso es lo que no puedo perdonaros.
QUEREAS
Y sin embargo, bien hay que abogar por este mundo, si queremos vivir en él.
CALÍGULA
No abogues, porque la causa ya está juzgada. Este mundo carece de importancia y quien reconoce eso conquista su libertad. (Se ha levantado.) Y os odio precisamente porque no sois libres. Yo soy ahora el único ser libre de todo el Imperio romano. Alegraos, por fin tenéis un emperador que os enseñará la libertad. Vete, Quereas, y tú también Escipión, la amistad me da risa. Id a anunciar a Roma que por fin se le ha devuelto la libertad y que eso inaugura una nueva era.
(Salen. CALÍGULA se ha dado media vuelta.)
Albert Camus. Calígula (1945).