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jueves, 29 de agosto de 2013

Gao Xingjian: los hombres y los peces

Honoré Daumier. El motín. La destrucción de Sodoma.
Y también en el Wanxian ha fondeado el barco por la noche. El segundo de a bordo ha venido a charlar conmigo mientras yo estaba contemplando las luces de la ciudad. Me ha contado que, refugiado en su cabina de pilotaje, asistió a una carnicería durante la Revolución cultural. Eran por supuesto hombres lo que estaban matando, no peces. De tres en tres, atados por las muñecas con un alambre, fueron empujados hacia el río por unos disparos de metralleta. Tan pronto como uno de ellos era alcanzado, arrastraba a los otros al agua y los vio debatirse como peces atrapados en el anzuelo, antes de ser llevados a la deriva por la corriente, cual perros reventados. Lo curioso es que cuantos más hombres se mata, más numerosos son estos, mientras que los peces, cuántos más se han pescado, más escasos se vuelven. Sería preferible lo contrario.


Gao Xingjian. La montaña del alma (1990).

viernes, 11 de enero de 2013

Cortázar: somos como las comedias

Honoré Daumier. Teatro.

   —Por lo menos mis colores no pretenden explicar nada.
   —¿Y vos te conformás con que no haya una explicación?
   —No —dijo Etienne—, pero al mismo tiempo hago cosas que me quitan un poco el mal gusto del vacío. Y ésa es en el fondo la mejor definición del homo sapiens.
   —No es una definición sino un consuelo —dijo Gregorovius, suspirando—. En realidad nosotros somos como las comedias cuando uno llega al teatro en el segundo acto. Todo es muy bonito pero no se entiende nada. Los actores hablan y actúan no se sabe por qué, a causa de qué. Proyectamos en ellos nuestra propia ignorancia, y nos parecen unos locos que entran y salen muy decididos. Ya lo dijo Shakespeare, por lo demás, y si no lo dijo era su deber decirlo.
                                                           
Julio Cortázar. Rayuela (1963).