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| Max Ernst. Ilustración en "Una semana de bondad" (1934). |
A menudo, los órganos de la Seguridad del Estado no
tenían grandes fundamentos para elegir a quién había que detener y a quién
dejar en paz. Se orientaban únicamente por una cifra de detenciones prevista.
Para alcanzar esa cifra podía seguirse un procedimiento sistemático, pero
también podían ponerse en manos del azar. En 1937 una mujer fue a las oficinas
de la NKVD de Novocherkask para preguntar qué debía hacer con el niño de pecho
de una vecina suya detenida. «Siéntese», le dijeron, «y ya veremos.» Permaneció
sentada un par de horas y luego la sacaron de recepción y la metieron en una
celda: debían completar rápidamente la cifra y no tenían bastantes agentes para
enviarlos por la ciudad, ¡y a aquella mujer ya la tenían allí!
Aleksandr Solzhenitsyn. Archipiélago Gulag (1973).
