sábado, 3 de noviembre de 2018

Emil Cioran: las religiones

Nikolái Roerich, Issa y el cráneo gigante (1932).
Las religiones me enseñaron la senda de la felicidad, a costa "mía". Pero la ilusión de estar "aquí" es más estimulante que la serenidad de no estar en ninguna parte, de estar en los cielos.
... Y entonces volví a la tierra y renuncié a la liberación.

EMIL CIORAN, El breviario de los vencidos (1991).

viernes, 2 de noviembre de 2018

Carl Grimberg: el neoplatonismo y la materia

Walter Crane, My soul is an enchanted boat
Para el neoplatonismo, la materia es el principio del mal. Las almas individuales pertenecen a una forma de emanación más noble. Pero ávidas de existir por sí mismas, han renegado de su sublime origen como un niño que abandona la casa paterna: después de esta apostasía, han acabado por ligarse a la materia.
Sin embargo, cada hombre ansía, desde lo más hondo de su alma, volver a su origen y siente nostalgia de lo eterno. Ésta es la tarea del hombre mientras mora en esta tierra: librarse de los lazos de la materia para conseguir de nuevo el mundo suprasensible del que fue separado.

CARL GRIMBERG, Historia Universal, Roma, tomo III.

jueves, 1 de noviembre de 2018

González Prada: acerca del Congreso

Paul Delvaux, El Congreso (1941).
Volvemos a preguntar ¿de qué nos sirven los Congresos? Sirven de prueba irrefragable para manifestar la incurable tontería de la muchedumbre al dejarse dominar por una fracción de gentes maleables, a medio civilizar y hasta analfabetas, sin la más leve inclinación a lo bello ni a lo justo, con el solo instinto de husmear por qué lado vienen los honores y el dinero o, hablando sin mucha delicadeza, la ración de paja y grano.

MANUEL GONZÁLEZ PRADA. Nuestros legisladores (1906) en Horas de lucha (1908).

miércoles, 31 de octubre de 2018

Osip Mandelstam: hacia la tierra vacía

Henryk Siemiradzki, Cristo y la samaritana (1890).

Hay mujeres que nacieron en una húmeda tierra.
Cada uno de sus pasos es un sollozo sonoro,
y su vocación, acompañar a los muertos
y ser las primeras en saludar a los que resucitan.
Pedirles caricias es un crimen
y separarse de ellas, imposible.
Hoy ángel y mañana gusano en una tumba
y pasado mañana sólo un contorno difuso.
Lo que fue un paso se hace inaccesible.
Las flores son inmortales. El cielo, denso.
Y el futuro, sólo una promesa.

OSIP MANDELSTAM, Hacia la tierra vacía, cojeando sin querer... (1937).

domingo, 12 de marzo de 2017

Dionisio Catón: la vida y la muerte

Lawrence Alma-Tadema, Retrato de una mujer (1902). 
No tengas miedo al término donde la vida acaba: el que teme a la muerte desperdicia su vida.

Ne timeas illam, quae uitae est ultima finis: Qui mortem metuit, quod uiuit, perdit id ipsum.


Dionisio Catón, Dísticos de Catón (c. siglo IV).

lunes, 7 de marzo de 2016

Dostoyevski: lo que se exige de la gente

Adriaen Brouwer. Peasants Quarrelling in an Interior (1630).
Oh, a nosotros nos complace vivir entre nuestros semejantes y comunicarles y comunicarles en seguida todos nuestros pensamientos, hasta las ideas más infernales y peligrosas; nos complace explicarnos con la gente, y, sin que se sepa por qué motivo, exigimos en seguida, al instante, que esa gente nos responda con una simpatía absoluta, se interese por nuestras preocupaciones e inquietudes, nos diga a todo que sí y no ponga obstáculos a nuestras inclinaciones. De lo contrario nos encolerizamos y ponemos patas arriba la taberna entera.


Fiódor Dostoyevski. Los hermanos Karamázov, libro duodécimo (1880).

martes, 1 de marzo de 2016

Dostoyevski: jóvenes suicidas

Henry Wallis. The Death of Chatterton (1856).
Observen, señores, observen cuántos jóvenes se suicidan en nuestro país: oh, sin que se pregunten en lo más mínimo, como Hamlet: “¿Qué habrá, allá?”, sin sombra siquiera de tales problemas, como si el capítulo sobre nuestra alma y sobre cuanto nos espera más allá de la tumba estuviera liquidado hace tiempo de su naturaleza, enterrado y cubierto de arena.


Fiódor Dostoyevski. Los hermanos Karamázov, libro duodécimo (1880).